Kagawa: El Susurro del Bambú, la Dulzura de la Caña y el Sol del Mediterráneo
Yumi TanakaMás allá del reconfortante abrazo de un cuenco de udon, Kagawa susurra historias de una artesanía casi secreta, una trilogía de paciencia que define su alma. Es un relato contado por el viento, endulzado por la tierra y nutrido por un sol prestado. Aquí, en la prefectura más pequeña de Japón, la verdadera esencia no solo se sorbe, sino que se siente en la brisa de un abanico, se disuelve en la lengua y se saborea en el fruto de un árbol inesperado.
El Viento en una Sola Vara: El Arte del Marugame Uchiwa
El verano japonés tiene una banda sonora, y parte de ella es el suave frufrú de un abanico. Pero el Marugame Uchiwa no es un abanico cualquiera; es una proeza de ingenio y simplicidad. A diferencia de otros abanicos cuyas varillas y mango se ensamblan por separado, la estructura del Marugame Uchiwa nace de una única vara de bambú madake. El artesano, con una precisión que desafía la lógica, divide y aplana un extremo del tallo para crear el esqueleto radial del abanico, mientras que el resto permanece como un mango robusto y natural.
Este arte, que ocupa casi el 90% de la producción de uchiwa en Japón, tiene sus raíces en los peregrinos que se dirigían al Santuario Kotohira-gū. Necesitaban un recuerdo, un amuleto, algo para mitigar el calor. Así nació un objeto que es a la vez una herramienta y una obra de arte, uniendo el bambú de la vecina Ehime, el papel washi de Kōchi y el pegamento de Tokushima en una sinfonía de la isla de Shikoku. Sostener uno es sentir la integridad de una sola pieza, una brisa que nace de un gesto indivisible.
Wasanbon: Nieve Dulce Forjada a Mano
En el este de Kagawa, lejos del bullicio, se cultiva una variedad de caña de azúcar delgada y delicada conocida como chikusha (竹糖). De ella nace el Wasanbon, un azúcar tan fino y etéreo que parece nieve en polvo. Su producción es un ritual de sustracción, un acto de purificación que se ha mantenido casi inalterado durante siglos. El proceso es una danza agotadora de prensado, amasado y lavado manual que se repite, tradicionalmente, tres veces (san) sobre bandejas de madera (bon).
Cada amasado exprime la melaza oscura, dejando atrás cristales de una pureza sublime. El resultado no es una dulzura abrumadora, sino un matiz complejo y delicado que se disuelve instantáneamente en la lengua, dejando un regusto limpio y elegante. Este no es el azúcar del día a día; es el alma de los wagashi de más alta gama, el contrapunto perfecto al amargor del matcha en la ceremonia del té. Probar un dulce hecho con Wasanbon es comprender que la dulzura, en su forma más elevada, es una caricia, no una invasión.
La verdadera exploración de Kagawa reside en la interacción, en sentir con las propias manos la paciencia que impregna cada creación. Es un viaje que invita no solo a observar, sino a participar en el legado de sus artesanos.
Un Rincón del Egeo en el Mar Interior de Seto
La isla de Shodoshima, flotando en las tranquilas aguas del mar de Seto, presenta un paisaje que desconcierta y deleita: colinas cubiertas de olivos de hojas plateadas. A principios de la era Meiji, el gobierno japonés experimentó con el cultivo del olivo en varias localizaciones, pero fue aquí, en el clima seco y soleado de Shodoshima, tan similar al Mediterráneo, donde los árboles prosperaron. Esta adaptación exitosa ha convertido a la isla en la cuna del cultivo de olivas en Japón.
El aire huele a sal y a hierba verde. En el Parque de Olivos de Shodoshima, un icónico molino de viento blanco se recorta contra el cielo azul, un homenaje a sus raíces espirituales en Grecia. Pero la adaptación no se detuvo en el paisaje. El ingenio local ha dado a luz a tesoros culinarios como el Olive Wagyu, ganado alimentado con los restos prensados de las olivas, que produce una carne de una ternura y un sabor umami incomparables. Es el círculo completo: un fruto mediterráneo, adaptado a suelo japonés, que a su vez nutre la quintaesencia de la gastronomía nipona.
El Itinerario del Artesano: Degustar y Crear
Para el viajero que busca conectar con el alma de Kagawa, la experiencia directa es insustituible. Aquí se traza una ruta para los sentidos:
- El Tacto del Viento: Visita el Museo del Uchiwa de Marugame para presenciar la maestría de los artesanos. Mejor aún, participa en un taller dentro del Castillo de Marugame, en el Uchiwa Kobo "Take", donde podrás encolar tu propio papel washi sobre un esqueleto de bambú y llevarte a casa una brisa personalizada.
- El Sabor de la Nieve: Dirígete a una de las casas tradicionales de Wasanbon, como Baikodo en Higashikagawa. Muchas ofrecen talleres donde puedes usar moldes de madera tallados a mano para crear tus propios dulces higashi. Sentir la textura casi irreal del azúcar y moldearla es una lección de delicadeza.
- El Aroma del Sol: Toma un ferry a Shodoshima. Pasea por el Parque de Olivos, prueba aceites de oliva virgen extra recién prensados con notas vibrantes y picantes, y no te vayas sin probar los encurtidos de olivas locales. Para una experiencia sublime, busca un restaurante que sirva Olive Wagyu o incluso unos fideos Sanuki udon con aceite de oliva local, la fusión perfecta de los dos mundos de Kagawa.

Yumi Tanaka
Gastronomía"Exploradora culinaria y sommelier de sake. Persiguiendo el Umami perfecto por todo el archipiélago."